Tratamiento nutricional en EII

Una dieta balanceada y de adecuadas calorías es necesaria para cualquier persona y, especialmente, para personas con una enfermedad crónica. Esto es aún más importante en pacientes en edad de crecimiento y desarrollo.

La importancia de la nutrición es debido a las características propias de la EII:

  1. Disminución del apetito ocasionado por molestias después de comer,  la exclusión de ciertos alimentos en la dieta, retraso de crecimiento, etc.
  2. En ciertos casos, hay una limitada absorción de los alimentos ocasionado por la inflamación. Paso rápido de los alimentos (diarrea) o intestino corto por operaciones.
  3. Pérdida de nutrientes ocasionado por los vómitos, sangrado, por el pus o las fístulas.
  4. El hecho de ser una enfermedad crónica produce estrés crónico y esto requiere de una constante reposición de calorías para afrontarlo.

No hay una dieta estándar para personas con EII, cada uno es diferente. Hay quienes no sienten relación alguna entre lo que comen y las molestias abdominales (especialmente, los que tienen CU del último tramo del intestino grueso) en cuyo caso, no hay restricciones. Otros, en especial en períodos de enfermedad activa, encuentran más apropiada la selección de ciertos alimentos, al menos por un tiempo.

En la EC, el apetito puede estar disminuido por el dolor, la molestia de diarrea, el intento consciente o inconsciente de disminuir la diarrea o el dolor que ésta produce, haciendo que la persona simplemente coma menos. El paciente además puede estar preocupado o deprimido por su condición, y eso repercutir en su actitud frente a la comida.

Cuando el paciente está en recaída, una dieta blanda, baja en carbohidratos fermentables y sin exceso de grasas, puede ser mejor tolerada que una comida habitual. En pacientes con compromiso del colon, ya sea CU o EC, una dieta baja en fibra puede ser más apropiada.

La recomendación de una “dieta sana” puede no ser lo que el paciente mejor tolere. Es decir, hidratos de carbono complejos que puedan dar lugar a la formación de gases, o vegetales o frutas con cáscara o semillas, pueden traer síntomas desagradables en algunos pacientes.

En la CU no hay evidencia que una dieta específica pueda inducir una remisión. En cambio, en la EC una dieta líquida balanceada, en ocasiones,  puede ayudar a inducir la remisión.

En algunos pacientes es necesario complementar la alimentación utilizando otras fuentes calóricas como son los suplementos dietarios. Éstos proveen calorías concentradas con un buen balance de minerales y vitaminas. El médico tratante o nutricionista, será el encargado de indicarlos en el supuesto caso que lo crea necesario. Pueden ser utilizados por semanas o meses.

– Nutrición parenteral: se suministra por vía intravenosa.
– Nutrición enteral: se suministra por boca o por una sonda que se introduce por la boca.

El propósito de la nutrición en la EC:

– En muchos casos una dieta líquida completa, es decir, conteniendo todos los nutrientes necesarios, puede inducir la remisión sin necesidad de medicación.
– La dieta puede mantener el estado nutricional y evitar pérdida de peso.
– La dieta puede corregir la desnutrición, y de esa manera, ayudar a que ocurra el crecimiento y desarrollo compensatorio, si es que éstos estaban comprometidos.

En la EC el uso de dietas líquidas suministradas por boca (nutrición enteral), pueden ser muy útiles en pacientes con enfermedad activa y en aquellos que requieran gran número de calorías para lograr la recuperación nutricional.

Los beneficios de dietas líquidas con agregados especiales no están bien demostrados. Hay estudios que demuestran beneficios pero estos no son concluyentes. La nutrición enteral es una nutrición completa que se consume por vía oral o por sonda y se presenta en latas. Hay casos en los que su consumo se combina con una dieta de comida, y otros en los que se recomienda como único alimento, dependiendo del caso y la decisión del médico.

En aquellos que la necesidad de ingesta de calorías sea muy elevada, estas dietas líquidas se pueden administrar a través de una sonda nasogástrica, es decir, un tubito que se pasa por la nariz cuya punta termina en el estómago. En cambio, si el intestino esta muy comprometido o el paciente no tolera la sonda, se puede usar una alimentación endovenosa colocando un catéter en una vena (nutrición parenteral). Este tipo de alimentación se utiliza en pacientes con desnutrición severa o crónica, ya que será muy difícil que se realimenten con una dieta normal o aún con el suplemento líquido por boca. A modo de ejemplo, un paciente de 15 años que pesa 40 kilogramos, puede llegar a necesitar 2600 calorías por día para poder ganar peso y compensar su déficit. Si su intestino está inflamado o estrechado, eso será muy difícil de lograr. Ingerir una fórmula líquida balanceada que contiene 1 caloría por mililitro, requerirá 2.6 litros por día. Estas dietas en general tienen un sabor poco agradable. Una cosa es probarla, ingiriendo 15 o 30 ml., y otra, es recibir la cantidad necesaria, por varios meses. De ahí que se justifique el uso de una sonda nasogástrica o se indique la nutrición parenteral.