Comé con tus hijos y enseñales a disfrutar de las frutas y verduras

Comé con tus hijos y enseñales a disfrutar de las frutas y verduras

Aunque sea una vez a la semana -si las obligaciones cotidianas impiden que sea más seguido- es bueno compartir la mesa. Estácomprobado que ese hábito ayuda a los chicos a comer mejor y evitar el sobrepeso. Además, refuerza los vínculos afectivos

“La mesa familiar es un lugar, un tiempo de encuentro y de comunicación, por lo tanto, de educación”, destaca la nutricionista Eliana Puertas, al referirse a un estudio sobre el mayor consumo de frutas y verduras en los niños y adolescentes que comen en familia. La investigación se desarrolló en la Universidad de Leeds, en el Reino Unido, y entre otros resultados comprobaron que el 63% de los niños no consume la cantidad de verduras recomendada por la Organización Mundial de la Salud (400 gramos diarios).
Los investigadores entrevistaron a 2.000 niños de Londres y a sus familias para realizar el informe. También se verificó que en las familias donde los padres comen frutas y verduras todos los días, los niños tienen un promedio de una porción (80 gramos) más que los niños cuyos padres nunca o rara vez comen frutas y verduras.

Impacto positivo 

“Si todos los integrantes de la familia se sientan juntos a la mesa, resulta una práctica muy saludable. Se debe tener en cuenta que los niños, desde el momento en que comparten la mesa familiar, es decir, a partir del primer año de vida, imitan a sus padres en todos sus hábitos. Esto incluye, por supuesto, las costumbres alimentarias, que repetirán a lo largo de su vida”, añade Puertas.
En esto coincide el doctor Máximo Ravenna, médico y psicoterapeuta especializado en temas de obesidad y trastornos alimentarios, por cuya clínica pasaron varios famosos -entre ellos,Susana Giménez– para adelgazar. “Los padres deben enseñar a los hijos a hacer buenas elecciones. Lo importante es tener un equilibrio entre lo que se consume y lo que se gasta (en energía)”, dice.
A criterio del especialista, los niños viven en un entorno contaminante. Esto se debe, en parte, a los horarios laborales de los padres que no suelen coincidir con los horarios escolares y hace que sea difícil compartir las comidas.

Pertenencia y cohesión 

Pero además de una alimentación saludable, la comida en familia favorece otros aspectos del desarrollo de los niños. El psicólogo Arturo Gómez López afirma: “La experiencia de compartir refuerza el sentido de pertenencia y la cohesión del grupo; permite el aprendizaje y la práctica de reglas de comunicación, y sobre todo, la expresión del afecto tanto desde lo verbal como desde lo corporal”. El profesional lamenta que hoy no todas las familias se reúnan en torno a la comida porque -asegura- “el afecto necesita un espacio donde pueda expresarse, pues en definitiva es lo único que no tiene sustituto, además de favorecer la autoestima y el desarrollo de la empatía”.

Aunque sea una vez 

Sobre esta cuestión de la falta de tiempo, Puertas opina que no es imprescindible que la familia se junte todos los días para almorzar y cenar.
“No importa si las diferentes actividades permiten solamente una comida familiar a la semana. Cuando los niños comen junto con los padres o con hermanos mayores que ya fueron aprendiendo, van observando cómo comen y los diferentes tipos de alimentos que eligen y consumen. Los resultados de igual forma serán positivos para la creación de sus hábitos alimentarios propios y de sus preferencias”, sostiene.

Puede ocurrir -advierte la nutricionista, que las verduras no constituyan uno de los platos favoritos de los más pequeños, “pero el entorno y las actitudes de los padres son un impacto positivo en cuanto a los hábitos alimentarios, y resulta mucho más fácil de esta forma incorporar estos alimentos, que son fundamentales para su desarrollo”.

NOMBRES BONITOS 
Probá llamarles “arbolitos” al brócoli, por ejemplo. Son trucos que hacen más amigable la situación.

Vale jugar

Deja a tus chicos usar la juguera o la licuadora para preparar batidos de frutas y verduras. Eso sí, supervisalos.

Llevalos a comprar 
Hacé que también participen en la compra de los alimentos, y dejalos que ellos elijan las frutas y verduras.

PRIMERO, PROBÁ
Enseñales a tus hijos que, si no probaron algo, no pueden saber si les gusta o no. Deben saborear la comida.

Cocinar juntos 
Si involucrás a los pequeños en las tareas de la cocina, se entusiasman y querrán comer lo ellos han preparado.

Fácil y disponibles
Prepará y guardá en la heladera bolsas de snacks saludables (zanahoria o frutas lavadas, peladas y picadas).
Contra la obesidad
“La responsabilidad es de la familia” 

El doctor Máximo Ravenna opina que la responsabilidad de enseñar a los niños lo que deben comer y cómo tener un estilo de vida saludable es de la familia. Sostiene que es en la casa donde comienza el combate contra la obesidad infantil. Admitió que el entorno juega en contra. “Antes, las personas tenían un gasto de energía compatible con lo que comían, hoy en día eso no sucede”, dice al aludir a dispositivos electrónicos como videojuegos, tabletas, TV y teléfonos móviles, que han ido ocupando cada vez más el espacio de los juegos y de las actividades físicas. “Es tan importante el factor contagio que en algún momento se creyó que podía haber un virus o una bacteria que produjera la baja en la inmunidad del mantenimiento del cuerpo”, dice Ravenna, aunque aclara de inmediato que esa posibilidad fue desestimada. “Son los malos hábitos alimenticios y el propio incremento de la obesidad en la sociedad moderna los que actúan con un efecto dominó que conforma un círculo vicioso del que es muy difícil escapar”, advierte.

El espacio de los afectos
“Comprometerse con la vida de los otros” 

“Sin lugar a dudas, la hora de la comida fue, durante décadas, el ‘momento’ de reunión familiar. Todos se sentaban a la mesa y no estaba la televisión en frente. Era realmente la ocasión de honrar el beneficio del trabajo, el esfuerzo de los padres, y un espacio para charlar de las cosas de la vida cotidiana”, reflexiona el psicólogo Arturo Gómez López. Considera que actualmente se priorizan las necesidades y actividades personales por sobre las grupales. “Esto se nota hasta en el diseño de las casas: cada cuarto esta pensado para que su dueño pueda hacer casi todas sus actividades ahí (comer, estudiar, divertirse, dormir, bañarse)”, ejemplifica. No obstante destaca que, aunque la familia no se junte para almorzar o cenar, puede haber otros momentos de encuentro. “Lo definitivamente importante es tener alguna actividad que convoque a la familia en su conjunto, sea o no la comida. Porque es en esa oportunidad cuando se puede aprender a compartir y a interiorizarse y comprometerse con la vida de los otros”, recomienda.

Investigación en EEUU
Disminuye la tendencia al sobrepeso 

Un estudio de la Universidad de Rutgers, Nueva Jersey, EEUU, coincidió con el de Londres en que comer en familia aumenta el consumo de frutas, verduras, y concluyó que los niños que comen con padres y hermanos tienden a mostrar índices de masa corporal más bajos, menos tendencia al sobrepeso y a la obesidad que los que comen solos. Revela que los adolescentes que comparten la hora del desayuno, el almuerzo y la cena con la familia comen de manera más sana cuando crecen. Los datos mostraron que las familias que pasaban tiempo juntos viendo la televisión o en restaurantes de comida rápida no tenían las mismas mejoras en su dieta diaria, comparado con las familias que comían juntas en casa. “Creemos que pasar ese tiempo en familia juntos puede proporcionar una plataforma que permite a los padres y a los niños interactuar, y los padres pueden enseñar a los niños hábitos saludables”, dijo la autora del estudio, Jennifer Martin-Biggers, estudiante de doctorado del departamento de Ciencias de Nutrición de la Universidad de Rutgers.